Tales of the Herring Wonder #6

La Bici ha tenido unas buenas vacaciones, eso sì, no exentas de ir creando! Esta nueva temporada tiene muchas novedades que ofrecer, las iremos contando poco a poco. Mientras, para ir abriendo boca, vuelve a la carga nuestro querido Herring Wonder, el chico listo, el hipster de seda, el tatuado de músculos de acero. La perla vuelve a contarnos historias de desamor, hombres tristes, finales felices y muchos cigarros.
Here we go again.

Salí a fuera del local y me encendí un cigarrillo. La primera calada es siempre la que te pega el primer subidon, los pulmones se te hinchan e intentan hacerse con todo ese humo nocivo. Aspiras y toda esa mierda sale de tu cuerpo, dejándote mareado en un primer instante. Después de esa primera calada volvía a ser un ser humano. Mientras estaba ahí, quieto y contemplando el panorama desértico y decadente que me ofrecía la periferia, me di cuenta de lo mal que estaba y de lo patética que era mi vida. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde la última vez que no pagué por compañía? ¿En qué momento me abandoné y dejé atrás a la poca gente que se preocupaba por mi, convierten do a la bebida en mi única fiel compañera? Ha pasado demasiado tiempo para que siquiera recuerde un frágil recuerdo de tiempos felices. De vez en cuando, como flashes en esos momentos de trance, me golpeaban imágenes de tiempos pasados. Una caricia, un beso, esa mirada llena de felicidad y esa sonrisa picara. Esa chica marcada a fuego por la tinta, la que me lo dio todo y la que me dejó sin nada. Aquí estoy, en la entrada de un prostíbulo de mala muerte disfrazado de divertido club de alternare. Mujeres decrépitas que satisfacen todas las fantasías más retorcidas de hombres tristes y patéticos que lo han perdido todo a los que lo único que les queda es intentar llenar su vacía existencia a base de juegos extraños, vivencias supuestamente únicas e irrepetibles, pero que en el fondo no son nada. Hombres como yo, tristes y solos. No se cuál de todos los errores que he cometido a lo largo de los años me ha llevado aquí -demasiados para contarlos-

Saboree la última calada, exhale el humo mirando fijamente el letrero del local. Mi vida era una mierda y no tenía pinta de mejorar así que ¿qué mejor que evadirse un rato con una buena puta? Apagué el cigarro y volví dentro.

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