Massimo’s Files: “The Master” o la hipnosis de Phoenix y Hoffman.

The MasterComunitarismo, misticismo, dietas extravagantes, ocultismo, utopismo, innovación sexual, radicalismo político… Éstas y muchas otras son las características del sinfín de sectas que han aparecido y siguen apareciendo en los Estados Unidos de América. Anabaptistas, presbiterianos, cuáqueros, unitaristas, congregacionalistas… En la Inglaterra de los siglos XV y XVI el protestantismo radical que se fue adueñando de la Iglesia Establecida (o Iglesia Anglicana) en el reinado de Isabel I y de la crisis política posterior (reinados de los Estuardo, la república de Oliver Cromwell y la Revolución Gloriosa de 1688) no tenía cabida en la sociedad inglesa. Todas estas sectas, cuyo nuevo fanatismo era perseguido, y cuya característica común era un puritanismo de nuevo cuño, fueron enviadas a los territorios británicos de Norteamérica, territorios que con el paso de los decenios se convertirían en las 13 colonias americanas que en 1776 se declararían como  Estados Unidos de América, independientes de Gran Bretaña y Europa.

Esta religiosidad libre, aunque sin dejar de ser cristiana, ha sido siempre uno de los paradigmas que conforman los USA, cuya historia tiene en su haber los nada desdeñables revivals o despertares: de vez en cuando, y de una década a otra, esporádicamente, aparecen exabruptos religiosos sociales a gran escala. El primero documentado se fecha en la década de 1730, seguido por otro en la de 1790, después de la Guerra de Independencia. El último ha aparecido en la presidencia del republicano George W. Bush (2001-08), cuya fuerza estaba capitalizada por los evangelistas –el mismo presidente Bush era un evangelista confeso–.

En los USA existe una forma de religiosidad cristiana que en Europa es vista como enloquecida, delirante, estrambótica. Es una religiosidad fruto de la voluntad de libertad individual histérica, que raya casi la anarquía. Y Paul Thomas Anderson (California, 1970), uno de los mejores realizadores del cine americano actual, y tal vez el mejor director que sabe contar la vida, causas, vicios, virtudes y características americanas, nos presenta en The Master uno de los frames más importantes de la sociedad estadounidense: la fina línea que separa el sectarismo, el fanatismo y la religiosidad. Después de relatarnos el declive del porno de la década de 1970 con Boogie Nights (1997), de explicarnos la sociología americana en su conjunto con Magnolia (1999) y de presentarnos un brutal Daniel Day-Lewis como el capitalista e inmisericorde petrolero en la California de principios de siglo XX con There Will Be Blood (2007), Anderson teje una historia de maravillosa interpretación dual en la que consigue la excelsa participación en su fetiche Philip Seymour Hoffman (New York, 1967) y en el renacido Joaquin Phoenix (Puerto Rico, 1974).

Freddie Quell (Phoenix), un veterano de la Segunda Guerra Mundial, alcohólico, psicótico, brutal, animal, vaga por los USA de la posguerra hasta caer, como si no quiere la cosa, en el grupo/secta de la Causa, liderada por Lancaster Dodd (P.S.Hoffman), un carismático médico escritor que le hace de mentor y que intentará socializar al animal descarriado que ha aparecido en su haber. The Master es un juego de espejos hipnótico y psicótico que disecciona el alma y la razón. Vemos el ir y venir de la secta desde los ojos del animalesco Freddie, inestable, violento, agresivo, extravagante, un Joaquin Phoenix espeluznante. Hoffman le va a la zaga, creando un personaje simpático y charlatán, inteligente, limitado, cuya alma parece que solamente este actor pueda llevarla consigo. Las escenas en las que aparecen ambos personajes, escenas austeras, diálogos puros, son un regalo para el espectador. Si además le añadimos la banda sonora de Johnny Greenwood –quien ya colaboró con Anderson en There Will Be Blood– se nos presenta una historia psicológica de primer nivel, cuya música cubista ayuda muchísimo al devenir de la historia, que tiene en Peggy Dodd –brillante Amy Adams (Vincenza, 1974)– un personaje andamio extraordinario en su versión de más papista que el Papa. Sin más aforismos, la Causa de Dodd es la Cienciología de L. Ron Hubbart, nacida en la década en la que se desenvuelven Quell y Dodd: 1950. ¿Casualidad?

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