Tales of the Herring Wonder #5 -Striptease por amor- (5 de 5)

Ya lo tenemos aquí. El season finale de esta apasionante quinta saga de Herring Wonder. Desde el mejor striptease de la historia hasta el peor crimen. El desenlace se presenta lleno de tensión y emoción. Como revolverá esta incomoda situación nuestro amigo y querido joven escritor? Aquí tenéis la respuesta y como siempre, no defrauda.

Cuando llegué al Jumbo’s no pude bajarme del coche. Por mucho que Marie fuese la única persona en la que podía confiar, no creo que contarle que acaba de cometer un doble asesinato fuese la mejor idea. No podía ni quería meterla en esto. Si las cosas salían bien ella sería el premio. Puse el coche en marcha y me fui de ahí. Lo primero que hice fue pararme en un descampado para encender un fuego. He visto demasiado como para saber que lo primero que se tiene que hacer es deshacerse de las pruebas. Había metido en una bolsa toda mi ropa sucia así que encendí una hoguera. Me quedé mirando como las pocas pruebas que podían incriminarme desaparecían poco a poco. No podía evitar sentir una extraña sensación de paz. Está claro que estaba con la adrenalina a tope pero estaba muy seguro de mí mismo. No había sentido placer alguno en matar a mi mujer y mi mejor amigo pero sabía que estaba haciendo lo correcto. Me merecía una nueva vida y después de esto nada iba a interponerse en mi camino para conseguirla. Cuando se apagó el fuego, saqué la pistola que había guardado en el coche. Justo en ese momento me di cuenta que podía haber dejado la pistola en la mano de mi mejor amigo. Él le pega un tiro, se arrepiente y se quita la vida. Simple. No podía volver a mi casa y dejar la pistola ahí. No podía correr el riesgo de volver y que la policía ya estuviese allí. Limpié la pistola lo mejor que pude, cavé un hoyo en el suelo del descampado y la enterré. Esa pistola no volvería a ver la luz del sol en mucho tiempo.
Después de deshacerme de todo, cogí el coche y me dirigí a un pequeño apartamento que teníamos que siempre había usado como estudio. Creía que lo mejor era estar ahí y esperar a que la policía viniese a darme la mala noticia.
No tardaron mucho en tocar a mi puerta, identificándose como LAPD. Con mucha tranquilidad les abrí la puerta y jugué al marido abatido y destrozado por la noticia. Tenía el papel muy aprendido así que sabía lo que tenía que hacer. Llevaba toda mi vida mintiendo y fingiendo ser alguien que no era así que una interpretación más no supondría ningún problema. La policía me informa que han encontrado en mi casa a mi mujer y a otra persona, ambas muertes causadas por diversos impactos de bala. Entre disculpas me piden que les acompañe a la comisaría, que saben que es un momento muy duro pero que tienen que hacerme unas preguntas. Entre sollozos acepto y dejo que me ayuden a salir de casa.
Una vez llegados a la comisaría me encierran en una sala de interrogatorio. Pregunta tras pregunta intentaban sonsacarme la información necesaria para encontrar el hilo por donde tirar y acabar haciéndome confesar el crimen que había cometido. El problema es que no tenía coartada para la hora del crimen y eso no era bueno. Marido que descubre a su mujer y su mejor amigo liados se toma la justicia por su mano. Era un clásico. Le conté a la policía que durante la hora del crimen me encontraba en mi estudio. Les dije que mi mujer y yo no nos llevábamos bien, que ya no había relación pero que por el bien de la empresa teníamos que seguir fingiendo estar enamorados. En mi trabajo se vivía de la reputación, del qué dirán y una pareja separada no es bien vista, todavía menos si es la hija del director del cotarro que resulta ser uno de los hombres más ricos de la ciudad. Las preguntas se sucedían una detrás de otra, sin darme un minuto de descanso. Mi papel cada vez era menos convincente y los nervios empezaban a adueñarse de mi cuerpo.
Cada vez hacía más calor en la sala, estaba a punto de hundirme cuando de repente se abrió la habitación y apareció otro agente. Los dos detectives empezaron a hablarse al oído sin que yo pudiese escuchar nada. ¿A caso habían encontrado algo con lo que acusarme definitivamente? ¿Habían encontrado la pistola? ¿Alguien me había visto saliendo de la escena del crimen? Sudor frío empezó a recorrer por todo mi cuerpo. El detective que estaba llevando el interrogatorio me miró a los ojos de una manera extraña.

-¿Pasa algo, agente?-.
-Puede usted irse, no vamos a acusarle por el asesinato-.
-¿Cómo iban a acusarme de un crimen que no he cometido?-.
-Ray, ¿puedo llamarte Ray? Han cerrado el caso, nadie va a investigar nada. El dinero sucio mueve esta ciudad maldita y la gente como tú siempre consigue salirse con la suya-.
-¿Qué?-.
-Estaré vigilándote, si algún día cometes un mínimo error, estaré ahí para hundirte y darte lo que te mereces. Vete antes de que te parta la boca-.

Dos agentes me escoltaron hacia la salida. Me estaba dando vueltas la cabeza, no entendía absolutamente nada. ¿Cuando están a punto de trincarme van y me sueltan? ¿Dinero sucio? ¿Quién va a pagar para que se corra un tupido velo sobre algo como esto? Estaba claro que para mí era una alegría pero seguía sin tener sentido.
Salí de la comisaria y me encendí un cigarrillo. Mientras me dirigía al estudio para recoger el coche unos hombres me pararon y me pidieron que los acompañara.

-¿Quién coño sois? ¿Quién os envía?-.
-Venimos en nombre del señor Helberg. Por favor, acompáñenos.-.

El señor Helberg es mi jefe, el padre de mi mujer. Mi suegro.
Los dos matones me metieron en un coche y ahí estaba él. Nunca había tenido una conversación de más de cinco minutos con él. Siempre nos hemos odiado el uno al otro así que le pregunté que qué quería, que no tenía nada que ver con la muerte de su hija y que me dejase en paz.

-Me da absolutamente igual si has tenido algo que ver en la muerte de mi hija o no-.
-¿Cómo?-.
-Sabes perfectamente que hace años que no me llevo con esa arpía a la que solías llamar cariño. Últimamente se había convertido en un problema de los grandes. Sabes muy bien que mi empresa vive de la reputación de sus empleados, de su comportamiento ejemplar. Demasiada gente empezaba a preguntarse qué hacía tu mujer siempre acompañada por hombres distintos. Aunque no lo parezca esta ciudad es pequeña y tienes que tener cuidado incluso con el rumor más pequeño. He sobornado a todos los policías y jueces del estado para que este caso se cerrara y no saliese a la luz. Los medios no se harán eco de la noticia y por lo que concierne a mis clientes tú y tu mujer estáis fuera del país, sin fecha de vuelta.
-¿Me estás echando de mi hogar? Ya sé que esta ciudad es una mierda pero me gusta-.
-Hago lo que es más beneficioso para mi negocio. Recoge los pocos restos que quedan de tu miserable vida y vete. Nunca volverás a tener una posibilidad así, te estoy dando dinero y recursos para que empieces de nuevo. Tu única preocupación será tener la boca cerrada. Venga, bájate de mi coche, no quiero estar rodeado de escoria como tú más de lo necesario-.

Me bajé y fui andando a por mi coche. Sin dudarlo me dirigí al Jumbo’s, hacía días que no me pasaba y Marie debía de estar preocupada. Cuando entré en la sala y me vio, bajó del escenario dejando el número a medias.

-Marie ¿qué haces? Niña ingrata, te damos un trabajo y así nos lo pagas. ¿Ves a tu novio entrar y dejas de atender a los clientes? ¡No eres nadie para hacer eso!-. Le dijo mujer que se encargaba de organizar a las chicas.
-¡Cállate, puta gorda!-. Le contestó Marie con su adorable encanto.

Me cogió del brazo y salimos del local para hablar.

-Te he echado mucho de menos, ¿dónde has estado?-.
-Ocupado, he dejado a mi mujer-.
-¿Qué?-.
-He dejado a mi mujer. Quiero estar contigo y es obvio que tu quieres lo mismo. El Jumbo’s ha estado a mi lado en los momentos más difíciles de mi vida y te he conocido a ti pero es hora de pasar página. ¿De verdad quieres seguir bailando para viejos desgraciados? Tengo dinero de sobras, podemos ir a donde tú quieras. Vayámonos del país, he oído que Barcelona es una ciudad estupenda. Tú podrías volver a trabajar de lo que hacías antes de meterte en esto y yo buscaría cualquier cosa.
-No sé Ray, te quiero pero apenas te conozco. Este trabajo es una mierda pero me gusta. No quiero dejar de bailar, me pone mirarme mientras lo hago. Es una sensación que pocos trabajos te dan-.
-Bueno, podrías bailar para mí ¿no? Siempre he sido tu mejor cliente-.
-Eso es verdad-. dijo mientras se reía de ese modo tan maravilloso que me tenía encandilado.
-Estás loca y lo sabes. Te ofrezco volver a empezar de cero, salir de esta ciudad horrible y amor eterno. ¿Qué me dices?-.

Se le esbozó una sonrisa en la cara, me cogió de la mano y me dio uno los mejores besos de mi vida.
Nos metimos en el coche y nos alejamos del Jumbo’s, felices como nunca. En ese momento me di cuenta que la vida no es cuestión de suerte. Si quieres algo y estás dispuesto a hacer todo lo posible, conseguirás cumplir todos tus objetivos. Por fin era libre, las pocas personas que me conocían, o no permitirían que nada de lo sucedido saliese a la luz o estaban muertas y enterradas. Había conseguido lo que llevaba años deseando.
Ahora por fin pudo ser lo que yo quiera aunque todo esto ya lo contaremos la próxima vez.

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