Tales of the Herring Wonder #5 -Striptease por amor- (2 de 5)

En la segunda parte de esta sensual y vitalista aventura conoceremos màs detalles del protagonista y asistiremos a un baile privado, sì, sì, para nosotros solitos! Sacad los billetes verdes y a disfrutar.

Empecé a vivir una doble vida. De día no era más que un pobre contable infeliz con su matrimonio, de noche era un cliente más de la dulce Marie, esperando la oportunidad de poder acercarme a ella.
No era una tarea fácil, sobretodo porque tenía que aguantar a mi mujer y todos sus caprichos. En especial su preferido: dejarme en ridículo delante de todo el mundo. Para hacer eso era capaz de cualquier cosa. Flirtear con mi mejor amigo, reírse de mí delante de mis cliente, cuestionar mi autoridad en frente de mis empleados, etc. Lo necesario para recordarme que si estaba ahí, era gracias a ella y que el día que acepté cuidarla en la salud y en la enfermedad, pasé a ser una de su propiedades. Según ella tenía todo el derecho del mundo en hacerme lo que quisiese y yo no peleé en ningún momento para tratar de evitar esa situación. Las discusiones entre los dos cada vez eran más acaloradas pero, como siempre, al final me podía esa sensación de impotencia. Estaba convencido de que jamás saldría de esa situación, a menos que tomase una decisión drástica y no me veía capaz de ello. No tenía nada por lo que luchar, fuera de mi vida de mierda no me quedaba nada. Lo que me hacía miserable al mismo tiempo era lo que me daba vida. Ya ves, prefería vivir de esta manera que intentar luchar por mí, aterrado por perder lo poco que me quedaba. Como dicen es mejor malo conocido que bueno por conocer. Para sobrellevar mi terrible existencia, me dirigía cada noche al Jumbo’s a intentar escapar durante un rato del agujero negro en el que me había metido. La verdad es que ya no me interesaba quedarme sentado ahí a emborracharme y esperar que se acabase el día. Mi atención estaba en otra cosa. Todas las chicas dejaron de interesarme en el mismo instante en el que apareció Marie. Nunca había visto alguien tan fuera de lugar y eso me producía un sentimiento de cariño muy fuerte a pesar de no haber mediado palabra alguna con ella. No quiero que te imagines a una especia de Lolita, Marie era la mujer más sexi que había visto en mi vida pero a pesar de ello transmitía un aura de fragilidad que te inundaba el corazón. Una de esas mujeres a las que te tiras y le haces el amor al mismo tiempo. Morbo y belleza. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por esa chica así que empecé por lo más simple, pegarme un baile privado con ella.
Entramos en una habitación apartada. Luz tenue, un sofá, una cama y muchos nervios. Nunca me ha costado estar con mujeres, siempre se me han dado bien. Por lo menos en lo que se refiere al sexo y hasta mi maldita mujer tiene que darme la razón en eso, por mucho que ella lo odie. No tenía muy claro porque me sentía así, no era ni mi primer baile privado y ya había estado con otras mujeres imponentes. Esta vez era distinto, era la primera vez que quería estar ahí por la chica y no porque quería olvidar a la zorra de mi esposa. Una vez dentro, me empujó hacía el sofá y me pidió que me relajase. Toda esa aura de inocencia que desprendía en el escenario se difuminó y a pesar de llevar muy poco tiempo en esto, sabía lo que hacía.
Se puso encima mío y me susurró al oído que no solía hacer ese tipo de cosas pero que me había visto necesitado y que quería ayudarme. Tener a esa mujer encima tuyo es una de las mejores sensaciones que puedes experimentar en la vida, te lo aseguro. Después de rozarnos un buen rato, me levanté. A pesar de haber pagado por un baile y con suerte algo más, en el fondo lo que quería era llegar a conocer a Marie. No quería ser uno más en su lista de clientes. Le dije que iba a esperar a que acabase su turno para que pudiésemos hablar largo y tendido, que eso era lo que realmente quería. Se rió y accedió a mi extraña propuesta. Le pagué el rato que estuvimos juntos y nos dispusimos a salir de la habitación. Cuando íbamos a despedirnos me cogió por el cuello de la camisa.
-Bésame, no preguntes por qué- Me dijo.
La rodé con mis brazos y nos fundimos en un beso. Segundos en la realidad que se tornaron en una eternidad en mi cabeza.
-Hasta luego, cowboy- Con el tono más sensual y con la mirada más penetrante y pícara, se despidió de mí.
A todo esto solo pude limitarme a levantar el brazo y saludarla con la mano.
Bajé al bar y me pedí una copa. La acabé de un trago y salí a fuera del Jumbo’s a esperarla. No quería verla ahí arriba, en el escenario. No la conocía de nada y ya sentía una extraña sensación dentro de mí. Estaba claro que no era el primer hombre por el que se sentía atraída pero la quería para mí y nadie podía haberla tenido o tenerla. Por primera vez en muchos años quería algo. Lo deseaba y estaba dispuesto a conseguirlo. En mi juventud había sido un hombre ambicioso y esa persona seguía en algún lado dentro de mí. Parecía que esa chica era capaz de sacar lo mejor de mí y eso me gustaba. Me apoyé en el capó de mi coche y me puse a fumar mientras la esperaba.

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