Tales of the Herring Wonder #3 -SPIT- (5 de 6)

Los dos se despiertan abrazados, el mundo parece no existir y no tiene ni idea de que por culpa de estos dos está a punto de estallar en mil pedazos.
El poder de la atracción como nunca antes lo habías visto descrito o explicado, todo para ti, en esta penúltima entrega de SPIT!
Entra en el mágico mundo de Herring Wonder y sumérgete en la lasciva y adictiva prosa de este joven impertinente.

Despertamos la mañana siguiente cogidos como amantes eternos. Los dos estábamos cansados y decidimos tomarnos el día con calma teniendo en cuenta todo lo ocurridos la noche anterior. Si Dios puede tomarse un día a la semana para simplemente descansar, nosotros no íbamos a ser menos. En estas ocasiones el despertarse junto a alguien que no conoces son muy peligrosas. ¿Cuándo pasas de ser un invitado a ser un pesado que se tiene que ir?, ¿Debería irme o quedarme? Todas son preguntas frecuentes que uno se hace en estos casos pero tengo que admitir que aunque parezca raro, en mi caso no fue necesario. El despertar fue muy bonito, los dos desnudos entre besos y abrazos de complicidad abrimos los ojos y nos deseamos los buenos días. La magia de la noche anterior seguía ahí, con la misma intensidad. No sabía exactamente como sentirme pero te aseguro que no quería estar en otro lugar. A pesar de llevar juntos tan solo unas cuantas horas de borrachera y unas cuantas de recién despertado, sabía que quería estar con ella y que quería volver a verla. Una vez fuera de la cama con el hambre acechando, decidimos salir a desayunar. En el fondo no éramos más que simples desconocidos el uno para el otro pero sin embargo nos cuidábamos como si hubiésemos vivido una relación de décadas y décadas de amor. Con el estómago lleno volvimos a casa dispuestos a retomar el asunto donde lo habíamos dejado. La pasión estaba ahí y al día de hoy sigue siendo la persona que más cachondo me pone y será así hasta el día que me muera. Nos quitamos la ropa a mordiscos. La cogí en brazos y la tiré en la cama. Había manos por todas partes, no podíamos dejar de tocarnos y modernos y chuparnos y sí, escupirnos.
¡Qué sensación tan increíble! Nunca había estado tan cachondo en mi vida y eso que aún no había decidido darme el mejor de los regalos que se le puede dar a un hombre: una mamada. Durante mi larga vida sexual repleta de novias remilgadas y furcias asquerosas, me habían chupado la polla varias veces pero nunca como lo estaba haciendo ella. A cada instante me acercaba más y más al paraíso. Podía ver las estrellas y lo único en lo que pensaba era en follarla. Querían partirla en dos y hacerle ver de lo que mi polla y yo éramos capaces. Por desgracia, este es uno de esos momentos donde a pesar de estar más cachondo que una gata en celo, tu cuerpo no responde a los estímulos enviados por el cerebro. Estaba nervioso a la par que cachondo o sea, increíblemente nervioso. Nunca me había pasado algo parecido. El sexo siempre había sido fácil para mí, sin muchas complicaciones. Primero las drogas y el alcohol y ahora los nervios. Dos veces seguidas mi preciosa polla me había fallado ante la mujer más bella que jamás tendré en mi miserable vida. Gracias a Dios, parecía que a ella no le afectase mucho el hecho de que no fuese sexualmente apto. O eso o fingía muy bien. Según ella aunque llevásemos solo un día juntos, el sexo había pasado a un segundo plano y era verdad. Habíamos transcendido el simple acto sexual, era raro pero esa sensación de calidez y de ternura estaba ahí. Habíamos conectado y los dos lo sabíamos. El sexo ya no era lo más importante, por raro que parezca lo único que queríamos era estar juntos. Este tampoco fue el día en el que casi colapsamos el mundo por follar como conejos y os aseguro que ese día acabó llegando pero fue un día muy importante para nosotros. A pesar de no haber intimado a nivel sexual, con solo pasar un día juntos los dos supimos que lo nuestro podía funcionar. Estaba claro que mis problemas no podían durar para siempre así que el tema sexual estaba en stand by, ambos teníamos la seguridad de que acabaría arreglándose. Sin embargo, las cosas que son más complicadas de conseguir para una pareja como son la complicidad entre las dos partes, el quererse mutuamente o la necesidad imperativa de verse y sentir el roce de los cuerpos, nosotros lo habíamos conseguido en un solo día. La cosa pintaba muy bien. Estaba con la chica que había perseguido durante meses como un loco y parecía que ella correspondía mis sentimientos. La felicidad me inundaba pero la espinita del sexo seguía metida en mi cabeza. El sexo es un aspecto fundamental en una relación, no es lo más importante pero ¿qué coño? Es sexo. Es indiscutible que tiene que ser bueno o por lo menos existir si una pareja quiere funcionar. La espinita seguía ahí pero te aseguro que la siguiente vez que la vi me la quité de cuajo. Mi cabeza hizo click y ese bloqueo que tenía desapareció. Cuando la volví a ver y la tuve en mis brazos, pasé de ser la niñita que no sabía que era el sexo duro a ser un puto lobo salvaje que lo único que quería era metérsela a esa chica que me había vuelto loco durante tanto tiempo. Me la iba a follar de todas las maneras posibles, todo lo duro que quisiese y ella no iba a quejarse. Nada podía pararme así que agárrate que ahora viene lo bueno.

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