Tales of the Herring Wonder #3 -SPIT- (3 de 6)

La tercera vez que nuestro amigo encontró a su amor prohibido. Esto es lo que nos espera en esta tercera parte además de sexo, sexo y…ah! sì! mucho, mucho amor salvaje. Nuestro querido Herring Wonder está más en forma que nunca, se respira un aire diferente en Los de la Bici!
A disfrutar.

Las historias de amor están repletas de altibajos y la mía, aunque prácticamente imaginaria ya que dudo que ella supiese mucho sobre mi existencia, no iba a ser menos. Todo ocurrió la tercera vez que la vi. De esta noche no recuerdo mucho a parte de todo el alcohol que había tomado pero se dice que mi amada y yo acabamos en medio de la pista de baile, cara a cara, gritándonos como locos. Creo que fue culpa mía. Estaba harto de que no me hiciese caso y le dije alguna cosa fuera de lugar y su estado de embriaguez propició la pelea. A pesar de todo, esa noche no fue un completo desperdicio ya que 1. la volví a ver y 2. cada vez se podía sentir como poco a poco crecía una especie de tensión sexual y te puedo asegurar que el día que esa tensión se liberó los cimientos del mundo temblaron y si no fueron los del mundo por lo menos los de su piso lo hicieron, tanto que hasta se cayó un cuadro. Perdón, he dicho que contaría esto poco a poco y así lo haré pero entiende que hay ciertos detalles que no puedo callarme. Resumiendo, estaba soltero, obsesionado con una chica a la que apenas había visto y mucho menos hablado con la que encima había discutido. Cada vez me parecía menos probable que me la fuese a follar a pesar de notar una extraña tensión sexual entre los dos. No podía estar mejor. Dejé de tirarme a tías porque solo el hecho de imaginarme follando con esa muchacha me llenaba. Pasaron los meses y nos íbamos viendo sin decirnos nada. Por mi parte tengo que decir que la tenía siempre controlada y seguía gustándome lo que veía, ni te imaginas cuanto me gustaba lo que veía, cada vez me gustaba más y más y más. La quería, la deseaba y sabía que antes o después sería mía. Durante el largo tiempo de nuestro tira y afloja pasé por todos los estados posibles. Desde querer follármela con todas mis fuerzas hasta pensar que era una imbécil que no valía la pena pasando por creer que alguien como yo nunca podría tirarse a una fuerza de la naturaleza de tal calibre pero al final llegué a una conclusión bastante lógica. Fue una mañana como cualquier otra. Me desperté, fui al baño y me miré en el espejo. Decidí que sería mía y que la tendría entre mis brazos. Decidí que le enseñaría lo que era un polvo de verdad y lo que significaba que una apisonadora te pasase por encima y te dejase hecha un trapo –sexualmente hablando, claro–. Me miré a los ojos y me hice esa promesa. Cumplí mi palabra pero antes de explicarte como lo hice tienes que saber qué pasó la última noche que pasamos juntos en “nuestro” local.

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