Tales of the Herring Wonder #2 -001-

Para decir adiós a este tan positivo año 2011 nada más apropiado que una desgarradora historia de amor y esperanza, o eran desamor y desesperación? bueno, juzguen ustedes mismos, como dirían algunos. Os dejo en manos de Herring Wonder y sus pequeños cuentos de hadas. Hadas del extrarradio, eso sí.

A diferencia de mi amigo Chester, mi otro amigo Daniel tenía razón. Durante esa época estaba algo confuso y no sabía que hacer con mi vida. Acababa de salir de una relación tormentosa que me había dejado hundido en la más triste de las miserias y hacía mucho tiempo que había dejado de preocuparme por conseguir un puto trabajo. Las cosas en la vida suceden de forma muy extraña. Crees que cuando tocas fondo tu existencia solo puede ir a mejor, que algo bueno -antes o después- te pasará, pero no. Lo que más ansiamos es no perder nunca la esperanza pero ojalá fuese así. La esperanza es el peor de los sentimientos que un ser humano puede experimentar. Como iba diciendo, después de perder a mi chica me quedé sin rumbo, perdido en este asco de mundo, pensando que nunca haría nada de provecho. Sin estudios a lo máximo que podía aspirar era a un trabajo de negros y aún me quedaba algo de dignidad así que preferí seguir con mi plan de venganza contra el mundo por haberme hecho pasar por toda esta mierda. En esa época salía mucho, conocí a muchas chicas -algunas mejores que otras- pero al fin y al cabo todas eran iguales, zorras de tres al cuarto que no valían absolutamente nada. A pesar de todo, lo único que seguía conservando eran mis viejas amistades. Eran la única excusa para no volarme la tapa de los sesos cada mañana. Una noche nos reunimos todos en el viejo bar para ponernos al día. Esos encuentros eran agradables donde siempre conocías gente nueva. Yo solía ir acompañado a esos reencuentros con depravados sexuales como yo, que lo único que querían era un polvo fácil -que normalmente conseguíamos-. Entre viejos amigos y gente nueva vi a la chica más guapa que había visto en mi vida. Empezamos a hablar e increíblemente le parecí agradable y gracioso, dos adjetivos que nunca me han acompañado a lo largo de mi vida. Supongo que como se suele decir congeniamos a la primera. Esa misma noche intenté convencerla para que la pasase conmigo pero fue inútil, imagino que mi yo verdadero salió a relucir y la espantó. Sí, soy un cerdo. Cuando volví a casa lo único que quería hacer era emborracharme y olvidar la ridícula idea de que yo -un depresivo crónico- podía empezar a sentir algo bonito. Entre copa y copa me vino a la cabeza una vieja frase de un cabrón estadounidense que decía que para olvidar a una mujer tenías que convertirla en literatura. Dejé la copa, cogí mi vieja máquina de escribir, encendí un cigarrillo y me puse a ello. Después de diez intentos fallidos de algo parecido a mi historia lo dejé estar. Esa máquina de escribir fue un regalo estúpido de un amigo. Nunca se me había dado bien escribir, la creatividad nunca había sido mi fuerte. Era incapaz de escribir algo remotamente decente. Tiré todo al suelo, me llené el vaso del whisky más barato que tenían en la tienda debajo de mi casa y bebí hasta caer rendido. Mañana sería otro día y esta mariconada que tenía encima se acabaría yendo. Eso es lo que pensaba. Todavía estoy esperando. Me odiaba a mi mismo. ¿Cómo podía alguien como yo estar pasando por algo así? No tenía sentido, era la persona más escéptica sobre el amor -o como quieras llamarlo- y a pesar de todo, consigo enamorarme de la única chica que está fuera de mi alcance. Bravo, felicidades maldito hijo de puta. Como he dicho antes Chester se equivocaba y Daniel tenía razón y por esto he dejado de hablar con él. Me refiero a Daniel, ese cabrón me ha arruinado la vida devolviéndome algo que me había costado mucho perder, la maldita esperanza. Esperanza de que a pesar de todo de algún modo podría hacer funcionar mi patética historia de amor. Daniel tenía razón y por su culpa ahora haré lo que esté en mi mano por conseguir a la nueva chica de mis sueños -otra más en la lista- pero ya le he avisado, como me lo encuentre le meteré una bala en el estómago y me quedaré mirando como su vida sale de su cuerpo, poco a poco, sufriendo. La esperanza es algo precioso, ¿verdad?

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